“Los ingenieros deben mantener una relación más cercana con la ciudadanía. No pueden permanecer únicamente en laboratorios o centros de investigación”
Dr. Sabi Yari Moïse Bandiri

En el marco del VIII Congreso Internacional de Ingeniería y Arquitectura organizado por la Universidad Señor de Sipán (USS), conversamos con el Dr. Sabi Yari Moïse Bandiri, destacado investigador y académico internacional, quien compartió una visión profundamente humanista sobre el papel de la ingeniería y la arquitectura frente a los desafíos contemporáneos.
Durante la entrevista, reflexionó sobre los avances tecnológicos, los retos éticos de la transformación digital y la necesidad de que los profesionales participen activamente en la construcción de políticas públicas orientadas al bienestar social y al desarrollo sostenible.
¿Cuál debe ser, desde su opinión, el papel de las ciencias de la ingeniería y la arquitectura para garantizar un futuro humano más justo, resiliente y sostenible?
La ingeniería y la arquitectura deben situar al ser humano en el centro de todas las innovaciones y transformaciones que experimenta nuestra sociedad; soy de los convencidos de que no podemos concebir el desarrollo tecnológico como un fin en sí mismo; debe estar orientado a mejorar la calidad de vida de las personas, de las comunidades.
Todo cambio social, económico y tecnológico es producto de la acción humana; por ello, cuando la ingeniería y la arquitectura se diseñan pensando en las necesidades reales de la población, tienen la capacidad de construir sociedades más sostenibles, resilientes y equitativas. El verdadero progreso no se mide únicamente por el avance técnico, sino por el impacto positivo que genera en la vida de las personas y las comunidades.
Frente a la actual revolución tecnológica, ¿qué aspectos positivos y negativos identifica en las disciplinas de la ingeniería y la arquitectura? ¿Qué deberíamos perfeccionar para alcanzar una convivencia más sostenible?
Los beneficios son numerosos y evidentes; gracias al avance tecnológico, procesos que anteriormente requerían semanas o meses pueden resolverse en cuestión de horas. Por ejemplo, la telemedicina permite brindar asistencia médica a comunidades alejadas; los sistemas automatizados facilitan la gestión de infraestructuras; y la robótica ofrece soluciones para enfrentar desafíos ambientales o situaciones de riesgo donde la intervención humana sería difícil o peligrosa. Asimismo, la investigación científica ha acelerado significativamente su capacidad para generar respuestas a problemas que durante décadas parecían difíciles de resolver. Sin embargo, estos avances también presentan importantes desafíos.
Uno de ellos es el creciente consumismo impulsado por la innovación tecnológica y los modelos de mercado. Con frecuencia se transmite la idea de que la felicidad está asociada al consumo permanente de nuevos productos y servicios; además, observamos consecuencias sociales preocupantes como el incremento de problemas de salud mental, casos de depresión, sedentarismo, obesidad infantil y una creciente dependencia de las pantallas. Muchos niños pasan largas horas frente a dispositivos electrónicos, mientras que las dinámicas familiares se ven afectadas por la hiperconectividad.
Del mismo modo, la búsqueda constante de rapidez ha favorecido hábitos poco saludables, como el consumo excesivo de comida ultraprocesada. Por ello, el desafío consiste en aprovechar los beneficios de la tecnología sin perder de vista el bienestar integral del ser humano.
¿Cuáles considera que son los tres principales desafíos técnicos, éticos y sociales que enfrentan la ingeniería y la arquitectura? ¿Qué podríamos hacer para marcar la diferencia desde el ámbito profesional y educativo?
Uno de los principales desafíos es la protección de la privacidad y de los datos personales. Las mismas tecnologías que pueden utilizarse para proteger a la ciudadanía también pueden emplearse para vulnerar derechos fundamentales. Actualmente, herramientas como los drones, la inteligencia artificial y los sistemas de recopilación masiva de datos poseen un enorme potencial para el monitoreo ambiental, la gestión urbana y la prevención de riesgos. Sin embargo, también pueden ser utilizadas con fines bélicos, de vigilancia indebida o de manipulación social.
Otro desafío fundamental es el deterioro de los principios éticos en el uso de la información. Los datos se han convertido en una fuente de poder económico y político. Quienes controlan grandes volúmenes de información poseen una enorme capacidad para influir en la sociedad. Lamentablemente, en muchos casos los datos de las personas son utilizados para obtener beneficios particulares, realizar fraudes o manipular decisiones colectivas.
Un tercer reto está relacionado con la formación de profesionales conscientes de su responsabilidad social. No basta con desarrollar competencias técnicas; es necesario fortalecer valores éticos que permitan utilizar el conocimiento científico para el bien común. En este sentido, considero fundamental promover marcos normativos sólidos, como las leyes de protección de datos personales. En Brasil, por ejemplo, la Ley General de Protección de Datos representa un avance importante para garantizar que la información de los ciudadanos sea tratada con responsabilidad y respeto. Los datos personales deben ser considerados una extensión de la dignidad y la identidad de cada individuo.
Desde la práctica profesional y las políticas públicas, ¿qué medidas concretas y escalables recomienda para posicionar a la ingeniería como motor del desarrollo sostenible?
Considero que los ingenieros deben asumir un papel más activo en los espacios donde se toman las decisiones que afectan a la sociedad. Tradicionalmente, muchos profesionales se concentran exclusivamente en el trabajo técnico, sin involucrarse en los procesos políticos o sociales donde sus conocimientos podrían generar un impacto transformador.
La primera medida consiste en promover una ingeniería humanizada, una ingeniería que no considera las necesidades de las personas corre el riesgo de convertirse en una herramienta desconectada de la realidad social. Cada innovación tecnológica debe evaluarse no solo por su eficiencia técnica, sino también por sus efectos económicos, ambientales y sociales.
En segundo lugar, es indispensable fortalecer la comunicación entre los especialistas y los responsables de formular políticas públicas. Los datos, por sí solos, no transforman la realidad. Es necesario traducir la evidencia científica en propuestas comprensibles y aplicables para quienes tienen la responsabilidad de gobernar y diseñar estrategias de desarrollo.
Finalmente, los ingenieros deben mantener una relación más cercana con la ciudadanía. No pueden permanecer únicamente en laboratorios o centros de investigación. Deben participar activamente en el debate público, comprender las necesidades de las comunidades y contribuir a la construcción de soluciones colectivas.
Cuando ingenieros, empresarios, académicos y responsables políticos trabajan de manera articulada, se generan mejores condiciones para diseñar políticas públicas eficaces y promover un desarrollo verdaderamente sostenible. Esa colaboración multidisciplinaria es una de las claves para construir sociedades más justas, inclusivas y preparadas para enfrentar los desafíos del futuro.
Chiclayo, 24 de junio de 2026
EN n.° 003-2026/OCIRP/USS
Oficina de Comunicación Institucional y Relaciones Públicas
Universidad Señor de Sipán


