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Artículo de opinión:

Estrategias para una marca educadora: conectando con el futuro a través de experiencias de valor

Por: César Atahualpa Rudas (*)

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El poder de una marca viva que educa e inspira

 

Las universidades ya no pueden limitarse a transmitir conocimientos en un aula. Byung-Chul Han (2023) nos habla de la crisis de la narración y la necesidad de construir experiencias significativas. En realidad, nos dice la ruta para poder construir una marca educadora, esto consiste en fortalecer una identidad a partir de la experiencia vivida, tanto de los alumnos como de los aspirantes.

 

El marketing educativo no es solo publicidad; es el puente que comunica el valor real de tu propuesta pedagógica. Para una institución, el gran reto es crear un vínculo emocional con los futuros estudiantes (Kotler & Keller, 2016). Hay que demostrarles, desde el primer contacto, que la universidad no es solo un lugar donde estudiar, sino el espacio donde sus proyectos de vida se harán realidad.

 

Contenido multicanal: la base de la confianza

 

Elegir una carrera es una de las decisiones más meditadas en la vida de una persona (Super, 1990). Por ello, la estrategia de comunicación debe acompañar al estudiante en su proceso de evaluación, aportando seguridad en cada etapa. Un buen contenido de valor debe incluir:

 

Usos formativos de atracción. Publicar artículos, videos, podcasts y guías útiles que resuelvan dudas reales de los jóvenes. Esto posiciona a la universidad como una autoridad experta y empática (Kaplan & Haenlein, 2010).

 

Testimonios con alma. Historias reales de estudiantes, profesores y egresados. Ver a otros superar retos y alcanzar el éxito (como en la iniciativa UPAEP FWD Change) demuestra que la universidad funciona como una gran familia de apoyo (Bandura, 1997).

 

Presencia inteligente en redes. Conectar donde ellos están. Mientras los jóvenes prefieren formatos dinámicos en Instagram y TikTok, los padres y el público profesional responden mejor a plataformas como Facebook o LinkedIn (Pew Research Center, 2021).

 

Estrategias de inmersión: vivir la universidad antes de matricularse

 

El mayor desafío es lograr que los escolares de los últimos años sientan qué significa ser parte de la comunidad universitaria. La clave no es contárselo, sino hacer que lo vivan (Kolb, 1984). Talleres de inmersión para 5° de secundaria

Llevar a los estudiantes de los colegios al campus para que interactúen con la comunidad universitaria genera un sentido de pertenencia anticipado (Tinto, 1993).

 

Propuesta de una jornada experiencial:

 

Universidad por un día. El escolar asiste a una clase real de la carrera de su interés, guiado por un estudiante mentor. Así experimenta la dinámica académica y la calidez del ambiente.

 

Retos colaborativos. Equipos mixtos (universitarios y escolares) resuelven un desafío innovador, fomentando el trabajo en equipo y la cocreación (Johnson & Johnson, 2009).

 

Rutas en laboratorios y talleres. Más que una visita guiada pasiva, se trata de talleres prácticos donde los jóvenes experimentan con tecnología, ciencia o herramientas de innovación lideradas por docentes.

 

Paneles de conversación: Espacios abiertos donde alumnos de ciclos avanzados comparten sus experiencias, viajes y proyectos, despejando los miedos y dudas de los futuros ingresantes.

 

Actividades extracurriculares abiertas

 

La vida universitaria va más allá de las notas. Abrir la cultura y el deporte al público externo ayuda a construir comunidad desde temprano (Astin, 1999) mediante:

 

Voluntariados abiertos. Proyectos de impacto social donde escolares y universitarios trabajen codo a codo.

 

Clínicas deportivas y muestras artísticas. Espacios para compartir talentos y conectar con los valores de la institución.

 

Cursos de verano preuniversitarios. Programas cortos que les permitan adelantar competencias, obtener certificados y familiarizarse con el ritmo del campus.

 

De la primera visita al "embajador preabogado o prearquitecto"

 

El objetivo final no es solo llenar aulas, sino cultivar relaciones a largo plazo. Un joven que vive una experiencia memorable en el campus se convierte en un promotor natural de la marca en su entorno. Por ejemplo, visita nuestra Universidad como preabogado o prearquitecto.

 

Para lograr este círculo virtuoso, es indispensable cuidar el viaje del estudiante (Student Journey) (Keller, 2001):

 

Personalización. Identificar qué le apasiona a cada joven para ofrecerle experiencias a su medida.

 

Acompañamiento continuo. Mantener el contacto tras los talleres mediante orientación vocacional, invitaciones y contenido de su interés.

 

Medición y optimización. Analizar el nivel de satisfacción, la asistencia y la tasa de matrícula final para seguir mejorando las estrategias.

 

La vivencia como el corazón de la marca

 

La universidad que logra transformar su propuesta de valor en una experiencia tangible siempre llevará la delantera. El contenido digital genera confianza, pero la inmersión presencial genera el enamoramiento (Pine & Gilmore, 1999). Al permitir que los futuros estudiantes hablen con los profesores, usen los laboratorios y respiren la vida universitaria, no se está vendiendo una carrera; se está abriendo la puerta a su futuro.

 

(*) Coordinador académico de la Facem y la Fiau de la Universidad Señor de Sipán filial Lima

 

Lima, 13 de julio de 2026

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Oficina de Comunicación Institucional y Relaciones Públicas
Universidad Señor de Sipán

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