De las aulas de la USS al INEN: Miguel Portocarrero convierte la formación humanista en servicio a pacientes oncológicos
El profesional chiclayano obtuvo el primer lugar en el concurso nacional para una plaza nombrada en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas y hoy desarrolla su vocación en áreas de alta complejidad como Emergencia y Medicina Paliativa.

La educación universitaria adquiere su verdadero sentido cuando los conocimientos se convierten en soluciones y, especialmente, cuando las competencias profesionales están acompañadas de sensibilidad frente a las necesidades de las personas. Esa convicción forma parte de la historia de Miguel Portocarrero Araujo, egresado de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Señor de Sipán (USS), quien hoy integra el equipo del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN), luego de alcanzar el primer lugar en un concurso público nacional para una plaza nombrada bajo el régimen 276.
Su trayectoria representa el resultado de una decisión vocacional y de una preparación universitaria orientada no solo al desarrollo de competencias profesionales, sino también a una formación con sentido humano. Desde las aulas de la USS, Portocarrero fortaleció las herramientas que posteriormente le permitieron desenvolverse en escenarios de alta exigencia y asumir responsabilidades vinculadas con la atención social de pacientes y sus familias.
Una vocación que nació en un hospital
Antes de estudiar Trabajo Social, Miguel había iniciado la carrera de Derecho y desarrollaba una de sus primeras pasiones sobre los escenarios; la música. Sin embargo, una inesperada apendicitis cambió el rumbo de su vida. Durante su estancia en un hospital conoció la labor de una trabajadora social que, más allá de revisar un expediente, se interesó por su situación familiar y emocional. Aquella experiencia le permitió descubrir una profesión que intervenía directamente en la vida de las personas en momentos de vulnerabilidad.
“Entendí que el trabajo social trascendía los códigos legales. Se trataba de estar al lado de una persona cuando más lo necesita”, recuerda. Fue entonces cuando decidió dejar la carrera de Derecho a mitad de camino e iniciar una nueva etapa profesional en la Universidad Señor de Sipán, donde encontró en Trabajo Social la posibilidad de articular conocimientos, gestión y compromiso con las personas.
Formación que se convierte en resultados
Tras recibir su título profesional en 2024, participó en el examen del Servicio Rural y Urbano Marginal de Salud (SERUMS), logró ingresar en el octavo puesto a nivel nacional y fue destacado al Centro de Salud Paiján, en La Libertad. Desde el área de Promoción de la Salud, articuló acciones con municipios, PNP y procuradurías y actores sociales para desarrollar campañas médicas e intervenciones dirigidas a la comunidad, ganando reconocimientos de diversas instituciones.
Esta experiencia se convirtió en un nuevo peldaño de su formación profesional. A fines de 2025, decidió postular al concurso público nacional convocado por el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas para cubrir plazas nombradas bajo el régimen 276. Frente a más de 300 profesionales de diferentes regiones del país, Portocarrero obtuvo el primer lugar en su especialidad, resultado que le permitió incorporarse al INEN.
Cuando la calidad profesional también significa humanizar
En el INEN, el joven profesional asumió uno de los mayores retos de su carrera. Llegó a Lima desde Chiclayo para desempeñarse en áreas de alta complejidad, entre ellas Emergencia y Medicina Paliativa, donde los pacientes y sus familias enfrentan situaciones particularmente difíciles. “En Medicina Paliativa el impacto emocional es fuerte. Terminaba mi turno agotado, pero entendí que también era parte del proceso y del aprendizaje”, relata.
Su experiencia en el instituto le permitió comprobar que la atención en salud no depende únicamente de medicamentos, infraestructura o procedimientos. En muchos casos, también requiere escuchar, orientar, gestionar y acompañar. En los pasillos del INEN ha encontrado historias de familias provenientes de regiones como Ayacucho y Huancavelica, muchas de ellas sin redes de apoyo en Lima y con dificultades económicas para afrontar aspectos complementarios de su tratamiento.
Para Portocarrero, allí adquiere especial relevancia el Trabajo Social; identificar necesidades, gestionar alternativas y, sobre todo, evitar que un paciente se sienta solo frente a una situación que muchas veces supera sus posibilidades. “Para mí, eso representa la esencia de nuestra profesión; devolverle dignidad al paciente y transmitirle la certeza de que no está solo”, afirma.
El sello de una formación con propósito
La historia de Miguel Portocarrero pone en valor una dimensión fundamental de la educación superior; formar profesionales capaces de responder a las exigencias de su especialidad sin perder de vista a la persona. En ese sentido, la experiencia de un egresado de la Universidad Señor de Sipán que hoy enfrenta uno de los escenarios más complejos de la salud pública peruana constituye también una muestra de la importancia de una formación de calidad, integral y humanista, en la que el conocimiento académico se conecta con la realidad social.
Su desempeño en el SERUMS, su resultado en el concurso nacional del INEN y su actual participación en espacios de coordinación institucional reflejan una evolución profesional construida sobre preparación, experiencia y vocación de servicio.
Chiclayo, 15 de agosto de 2026
NP n.° 124-2026/OCIRP/USS
Oficina de Comunicación Institucional y Relaciones Públicas
Universidad Señor de Sipán


